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| PRIMAVERA/VERANO 2009 |
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Rick Hernández se pudo haber escondido bajo una piedra. Un empresario de productos de oficina, se había marchado
de Puerto Rico al principio de los 80 rumbo a Houston,
donde fue gerente de una compañía de efectos de oficinas.
Unos años más tarde, sin embargo, la crisis petrolera arruinó
la economía del estado de Tejas y lo dejó prácticamente en
la calle.
No obstante, en lugar de quedarse de brazos cruzados, Rick
se mudó a Orlando junto a su
esposa e hijos pequeños. No
sólo reformó su vida, sino creó
un legado de servicio comunitario
que continúa hoy día.
Profesionalmente, trabajó
en el Orlando Sentinel y La
Prensa en una variedad de
cargos gerenciales relacionados
a las ventas. Mientras
estuvo en el Sentinel, ayudó a
crear El Sentinel, una publicación
bilingüe para la comunidad
hispana del Centro de
la Florida. Hoy día es un
consultor de relaciones comunitarias
tanto para la Cooperativa
de Seguros Múltiples (una
compañía de seguros puertorriqueña
con sucursales en Orlando), como para la Universidad
Politécnica (con sede en Puerto Rico y con un recinto
en Orlando).
Principalmente, sin embargo, a través de sus muchos esfuerzos
voluntarios, Hernández ha ayudado a darle una verdadera
voz a los hispanos locales. A principios de los 90, ayudó a
establecer la Cámara de Comercio Hispana. Hoy día, su hoja de
vida está repleta de membresías a juntas, incluyendo la presidencia
del programa “YMCA
Achievers”, el cual desarrolla
líderes hispanos jóvenes, y es
miembro de la junta del Fondo
de Becas de Herencia Hispana
de Orlando.
Hernández recuerda un momento
en Orlando cuando,
mientras estaba de compras en
el supermercado junto a su esposa,
le dijeron que hablara
inglés, no español. Aquellos
días, dice orgullosamente, han
pasado a la historia: “Me parece
que ahora nosotros los hispanos
nos sentimos como en casa.”
Sus años de dedicación comunitaria
tuvieron mucho que
ver con esa transformación.
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Habiéndose criado en Lake Mary como la mayor de tres
hermanos, Angela Lagos vivió continuamente rodeada
de estudiantes de programas de intercambio cultural.
Su madre tenía un interés especial en ayudar a jóvenes extranjeros
y, a través de programas de la iglesia y organizaciones
comunitarias, los recibía por períodos de un mes y más.
“Mi madre nos instaba a no ser como los avestruces—a sacar
nuestras cabezas de la arena y descubrir lo que ocurría a nuestro
alrededor,” recuerda.
Así que Lagos aprendió
a conectarse y a construir
puentes con personas diferentes
de distintos lugares.
Ese entrenamiento temprano
en la vida le ayudó
muchísimo. Oficialmente,
Lagos es la gerente “senior”
de Diversidad e Inclusión
en Universal Parks & Resorts.
Y extraoficialmente,
Lagos, quien es de descendencia
colombiana, pasa
gran parte de su tiempo
básicamente viviendo su
empleo—y es que el trabajo
se ha convertido en
una forma de vida. “Todo
el mundo tiene una historia que contar,” dice Lagos, quien
tiene una maestría en Psicología de Organización Industrial.
No es de sorprender que Lagos haya sido galardonada
por sus esfuerzos. En 2007, fue nominada por sus compañeros
en Universal para recibir el Premio a la Excelencia en
el Liderazgo.
En enero de 2008, su equipo recibió el premio a la Excelencia
en los Recursos Humanos de la compañía matriz, NBC Universal.
Más recientemente,
bajo su liderazgo, Universal
Parks & Resorts fue reconocido
por la Asociación de
Dueños de Negocios con el
pionero premio “Beacon.”
Lagos también es una voluntaria
comunitaria muy activa,
trabajando con el Relevo
a la Vida de la Sociedad
Americana del Cáncer, el Fondo
de Becas de la Herencia
Hispana, YMCA Achievers y
la Junta de Asesoramiento
Comunitario de WMFE.
“Lo más importante,”
concluye, “es escuchar atentamente
lo que te dice la gente
que te rodea.”
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Mientras se criaba en Puerto Rico como el hijo mayor
de una familia muy unida, Ortíz estaba destinado a
ser un buen ciudadano comunitario. Su padre se
jubiló del Departamento de Policía de Puerto Rico, y su madre
trabajaba como bibliotecaria. Aunque divorciados, sus padres le
inculcaron un profundo sentido del deber.
Resultó que la ciudad de Orlando se ha beneficiado de
dicha crianza.
Ortíz se mudó al área en
1989, se incorporó al Departamento
de Policía de Orlando
en 1993 y pasó 14 años en la
profesión del cumplimiento
de la ley, generalmente sirviendo
en unidades especiales
dedicadas a combatir la
criminalidad, las pandillas y
las drogas. Durante ese tiempo,
también ayudó a reunir a
residentes con oficiales del
gobierno municipal y con la
policía. Esos esfuerzos sirvieron
como preludio a su
elección a principios del corriente
año como comisionado
municipal de Orlando por
el Distrito 2. Allí, en lugar de
sentarse en una oficina, él sigue recorriendo las calles en su
continua búsqueda por desarrollar una mejor comunidad.
“Yo creo que para que cualquier sociedad sobreviva, tiene
que tener fundamentos,” dice. “Y esos fundamentos son la ley
y el órden.”
Como comisionado municipal, el resultado de su trabajo
ya es evidente. En un distrito en el cual aproximadamente
una tercera parte de la
población es hispana, él ha
establecido un concejo de
líderes de vecindarios, que
consiste de residentes y
oficiales gubernamentales,
así como de un concejo
comercial para ayudar a los
empresarios. También ha
ayudado a reducir la criminalidad
a la vez que agrega
numero-sos aspectos estéticos
a las comunidades. Y
tiene tiempo para mucho
más—su término es de cuatro
años.
“Yo soy un hombre activo,
no un hablador,” concluye. “No me gusta hablar
mucho. Prefiero trabajar.”
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Si se produjese una película sobre James Schoepflin, tal
vez el título sería Compromiso Apasionado o Marcando la
Diferencia o Héroe Improbable.
Desde su arribo a Orlando hace unos cuatro años,
Schoepflin se ha comprometido apasionadamente a marcar la
diferencia en el ámbito cinematográfico hispano local—y ha
logrado exitosamente crear un nicho dentro de la comunidad
hispana, a pesar de que su
apellido es Schoepflin. Siendo
una cuarta parte cubano
(el apellido de su madre es
Domínguez), Schoepflin ha
trabajado un 100 por ciento
para crear el Orlando Hispanic
Film Festival (Festival
de Cine Hispano de Orlando),
el cual disfrutó de su
segundo evento anual en
octubre. El festival es una celebración
de la cinematografía
independiente hispana. Un
total de 57 filmes fueron
proyectados este año.
Al menos para la industria
local, la principal estrella
fue Schoepflin, quien se
dio a conocer primero como
promotor de películas en Arizona. Cuando el empleo de su
esposa fue trasladado a Orlando, él le siguió los pasos. “Cuando
llegué aquí, hablé con la gente, con mucha gente, y me percaté
de que no había nada [en cuanto a películas] para los hispanos,”
dice Schoepflin, quien también dirige y produce
películas. “La necesidad era tan obvia que simplemente
comencé a desarrollar lo que se ha convertido en un evento
muy grande.”
Además de presentar películas,
Schoepflin ayudó a
establecer un festival de cine
de adolescentes el verano
pasado, y la Biblioteca del
Centro de Orlando es anfitriona
de dos talleres de trabajo
que él coordina mensualmente
para educar a las
personas interesadas en los
cineastas independientes.
Mediante este compromiso,
un individuo llamado
Schoepflin está marcando
una diferencia entre los
hispanos.
“Aquí hay oportunidad,”
dice. “O, si no la hay, pronto
la habrá.”
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Raquel Tacón recuerda su carrera con gran satisfacción. Ella
comenzó a bailar flamenco y otras danzas españolas a la edad
de 6 años en su pueblo natal de Valladolid, España. A los 15
años ya estaba bailando profesionalmente en Madrid. Finalmente,
su brillantez escénica la llevó de giras a través del mundo. Tacón
“nació para bailar”, y su luz ha sido resplandeciente.
Hoy por hoy, Tacón aún baila, aunque sus presentaciones se
limitan a eventos especiales.
La fluidez de su gracia se
mantiene, pero el dolor corporal
que le sigue es un
recuerdo de que el reloj sigue
caminando en su carrera.
Como lo describe ella, “A
veces pienso que ya basta. Pero
ha sido muy difícil, como para
cualquier artista, decir adiós
[a su carrera].
No obstante, el impacto de
Tacón en la comunidad de
la danza no se ha debilitado.
En vez de entretener, le está
enseñado a otros—generalmente
chicas jóvenes—a hacerlo. “Esa es mi vida,” dice
ella. “No importa si es flamenco
o danza clásica, me
parece que [enseñar danza] es lo mejor que una familia puede
hacer por una niña. Las ayuda con el autoestima y a tener más
confianza en sí mismas, algo que permanecerá con ellas a través
de sus vidas.”
Su contribución a la comunidad también se extiende más allá
de las artes. Desde 2002, ha sido la Vicecónsul Honoraria de
España. Recientemente su área de servicio fue ampliada hacia
el norte hasta Jacksonville.
Como parte de sus responsabilidades,
Tacón recibe hasta
40 llamadas diarias de personas
solicitando ayuda. Algunas
de esas llamadas incluso
son de España. Además, durante
los años 80, ella fundó
La Casa de España. Sin ánimo
de obtener nada a cambio,
Tacón ha dado contínuamente,
sobre y fuera del escenario.
“Es mejor dar cosas que recibirlas,”
dice Tacón, quien ha
residido en Orlando por los pasados
25 años. “La sensación
que me produce vale un millón
de dólares. Tal vez una persona
se acuerde de mí en el futuro.
Eso sería muy gratificante.”
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